lunes, 11 de septiembre de 2017

Día 13: Viento, viñedos, lluvia y colinas

Hoy escribo desde un elegante bar en un camping al borde del río Dore, al este de Burdeos. Se nota el cambio de región ya que este camping me ha costado 22,61€, excediendo en 400% el pago por persona de camping histórico. Por otro lado, para mi son los mismos holandeses, ingleses y alemanes que en otros lugares. Me pareció escuchar a alguien hablando español pero no lo vi.

Muy tarde me he dado cuenta de que debí haber pedido un vino local en vez de una cerveza genérica.

En el viaje de hoy aprendí a no confiar de dos fuentes nuevas de información. Una conocida, otra desconocida.

Empezemos por la desconocida. Los locales.

Cuando estuvimos en el segundo camping, al sur de Lille creo, la mujer que atendía me estuvo interrogando sobre quiénes éramos y qué pretendíamos. En su cabeza era complicado entender que tres hermanos peruanos estén viajando desde Bélgica en bicicleta y hayan decidido parar en un camping en medio de la nada en Francia, y que uno hable francés y dos vivan en España. Creo que estaba casi indignada que estemos tan lejos y no estemos en algún lugar "más importante". Admitió nunca haber salido de ese pueblo / región.

Bueno, a lo que iba: me preguntó cuántos kilómetros habíamos hecho. Le respondí que hoy no habíamos hecho mucho, que habíamos hecho como... ¿30 ? Me respondió algo como: "no, eso es bien poco". "Pero", le dije, "ayer hicimos 115 km". Se me quedó mirando y casi podía leer en su cara algo del estilo "115 no es nada, lo hago en una hora en mi carro". Debí haber aprendido en ese momento que no todo el mundo tiene mucha intuición sobre viajes en bicicleta, a pesar de conocer el lugar. Eso, o a no confiar en lo que diga el que atiende el camping.

De vuelta al presente. Ayer, el hombre del camping me recomendó tomar una ruta al este de la carretera nacional. "Es más bonita, buenos viñedos, llegas a Libourne sin dar muchas vuetlas". "Genial", le respondí, "¿y hay montañas o desniveles?". "No, nada de eso".

Comencé el día tomando un café y un croissant en un pueblo cercano. Poco después me incorporé a la carretera recomendada y aparecieron los viñedos. Muy bonitos. Pena que no había mucho sol y y no aparecen bien en las fotos. Al mismo tiempo aparecen las colinas. "Bueno", pienso, "unas colinas no están mal, hasta le hacen bien a la espalda y al menos permiten tener buenas vistas". Fueron 50 kilómetros de esto. Fue horrible.

Y es que las colinas en carro las haces sin darte cuenta (aunque incluso vi algunos a quienes esto ya les costaba). Sin son muchas, no tienen que ser empinadas para acabar contigo.

Para amenizar el viaje, se puso a llover de manera intermitente. De esa lluvia que mientras estás pensando si deberías ponerte algo encima, crece fuertísimo y te mojas entero. Entonces, tenía que buscar refugio apenas empezaba bajo árboles en jardines de desconocidos por cantidades de tiempo indeterminadas. Pero claro, te abrigas en el momento en el que la nube pasa y aparece un sol radiante y un arcoiris que se reiría de ti en tu espejo retrovisor si los arcoiris se riecen y si quedase espejo retrovisor.

Si bien es cierto que la previsión del tiempo decía que no llovería hoy, no confiar en la previsión del tiempo es una lección ya aprendida.

El tercer componente del viaje fue el viento. Mucho viento que hacía que tooodas las bajadas (que lógicamente fueron tantas como subidas), casi tuviese que pedalear para no frenar. Además: viento de lado + suelo mojado + bajada empinada parecía la receta perfecta para acabar como un erizo sacrificado más al dios del asfalto.

Con 75 *intensos* kilómetros hechos, paré finalmente a comer en Roche chalais, donde tuve que subir una cuesta especialmente empinada. Dos veces. Se puso a llover mientras terminaba de comer. Con poca agua, lleno de comida y el suelo todo mojado y todavía algo de lluvia, decidí emprender el viaje.

Según google maps quedaban 38 kilómetros, principalmente de bajada. Esto era lo único que me tranquilizaba, estaba casi confiado en que "solo debía dejarme caer". Decidí llamar a un camping y emprendí el viaje hasta él. "Todavía menos, 32 km. Esto va a ser un paseo".

Para esto, tengo que admitir que mientras viajo solo en bicicleta he adquirido la costumbre de hablarme solo en voz alta (qué más da, no hay nadie). Suele ser en inglés aunque estoy intentando de que sea en francés (así parezco un loco local y no uno extranjero).

Como es de esperar, no fue un paseo. Fue una agonía. Mi espalda estaba destruída de la primera parte. De hecho, me la estoy tocando ahora y estoy comprobando de que todavía lo está. También me quema la cara ¿? .

Esta agonía tomó otra dimensión cuando llegué a los 15 km finales y descubrí que "oh sorpresa" Google se había tomado ciertas libertades con la ruta al camping: había decidido que era mejor atravesar los viñedos de media región de Garonde por caminos "secundarios". Y "secundarios" significa "los caminos que usan los dueños de los viñedos para ver sus viñedos". En serio pensé que en algún momento me dirían que no podía estar ahí.

Y aquí está la segunda lección del día, la de la fuente conocida: estoy bastante seguro de que google no cuenta los desniveles de los caminos "Google Maps Selection", por ser muy pequeños (los caminos, no los desniveles), en la estimación total de subida para un trayecto. Cuando me vendió el camino, había muy poca subida. Cuando lo hice, fue como estar en los primeros 50 km del día pero con más uvas, más lluvia y yo más cansado. De nuevo: muy bonito, pero muy doloroso.

Llegué al camping a las 17:30 y, poco después de armar la carpa... Empezó a llover de nuevo. He cenado tres raciones de chili con carne y medio queso, en un intento de darle a mi cuerpo algo de ánimos. Algo así como un "bon courage" nutricional.

Ah! Vi un letrero con direcciones para ir a Toulouse. El primero.

Este ha sido el peor día, de lejos. Estoy destruído. Pero no quiero quedarme en este camping, es un robo. Creo que mañana intentaré hacer menos kilómetros y veré cómo quedo.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Día 12: Callejeando pueblitos

El día amaneció mojado. Hizo frío. Bastante frío. En algún momento de la noche tuve que ponerme pantalón y luego doble media. Aún así lo sentí.

Esto y el hecho de que algunos de mis compañeros de camping habían decidido hacer fiesta toda la noche con reguetón de hace 15 años contribuyó a que mi noche no fuese espléndida. Decidí combatirlo durmiendo una hora más. Bueno, no fue tanto una decisión como una observación cuando me desperté a las 7:00 AM.

Decidí dar como ofrenda al hombre de la recepción la carpa grande. Él decidió hacer el regalo a los peregrinos que no llegan con carpa (qué clase deperegrinos son esos, me pregunté para mi).

Mención rápida a los camping que hemos estado. Han sido todos absurdamente baratos. De media pagamos 7 euros por persona, creo. Por esta noche pagué 5,20. Las prestaciones varían considerablemente entre un sitio y otro pero todos tienen: duchas con agua caliente, algún tipo de inodoro, lavabos con enchufe (que usamos para cargar teléfonos y baterías externas). Otros llegan a tener bares, tiendas, piscinas, mesa de ping-pong.

Después de eso, decidí tomar un segundo desayuno en el pueblo para diseñar lo que sería la ruta de hoy. Objetivo: Cognac. Descubrí que las carreteras no ayudan en nada. Tendría que tomar como 5 carreteras distintas (y esto es sin hacer caso a Google, que, para variar, recomienda directamente hacer mi propio camino a campo traviesa). Doy con un camino que, aunque no muy recto, parece cómodo y con no muchas subidas.

Esto a diferencia del día 11, donde todo el camino fue una sola carretera en línea recta. Por un lado es cómodo ir rápido por una sola carretera porque no hay que parar a revisar el rumbo y es eficiente. Por otro lado, tienes coches pasándote con frecuencia y suelen ir rápido. Y no puedes parar en cualquier lugar.

Luego del segundo desayuno, fui al supermercado a comprar comida para hoy. La ruta empezó recién como a las 9:50.

El camino estuvo bastante tranquilo. Felizmente no tuve que revisar la ruta demasiado porque intenté que el camino fuera lo más constante posible. Pasé por algunas iglesias bonitas y, siendo domingo, decidí tomar fotos a los feligreses entrando. Pero solo las iglesias que me gustaron. La bicicleta para escala. 

Almorcé en la plaza vacía de uno de estos pueblos. Fue aquí que mi bicicleta cayó de lado por el viento por segunda vez en el viaje. Esto fue más de lo que el espejo retrovisor podía aguantar y explotó.

Llegué con tiempo a Cognac, como a las 17:30, dispuesto a conocer la ciudad después de dejar mis cosas en el camping. Para mi desgracia, el camping cerraba hoy. Me mandaron a otro a 10 km. El camino me lo vendieron como "es un camino de bicicleta al lado del río, muy fácil".

Para empezar, estaba lleno de peatones y ciclistas lentos. justo igual que Madrid - Río pero con la acera de un cuarto del tamaño.
Luego, la parte del camino con menos gente estaba tan llena de lodo y plantas que parecía motocross. Heridas fueron hechas. Tuve que pasar por encima de un árbol caído (esto traerá algunos recuerdos a los hermanos).

Finalmente encontré un camping al lado del río, tranquilo. De hecho, tan tranquilo que nadie lo atiende. Tuve que llamar para que una hora después llegaran a cobrarme. Felizmente, el hombre me dio consejo sobre rutas para mañana. Parece que ya no haré callejeros.

También se me ha acabado una de las dos camping gas que comprarmos.

Me estoy quedando dormido.

Ah! Por alguna razón todos los nombres de los pueblos acabam en "sac" por aquí. 


sábado, 9 de septiembre de 2017

Día 11: rápido y adolorido

El día empieza en un hotel con Sergito (todavía no me deshago de este hermano).  Tomamos desayuno buffet y nos despedimos después de que me haya ayudado a cargar mi bicicleta.

Ahora viene una lista-descripción de las cosas que le han pasado a mi bicicleta  a las cosas que llevo después de algunos días de viaje:

Un pedal pegado con cinta, no está 100% roto pero el plástico tiene un hueco.
Luces conectadas a la rueda delantera quemadas / rotas.
Una carpa para dos personas con un palo roto y que no entra en su bolsa ya.
Una carpa *para tres personas* que pesa 4,6 kg.
Un espejo retovisor (nuevo) roto, pero funcionando.
20 barritas de naranja (son las que nadie quería).
Cambios que entran de dos en dos (esto debería poder ser capaz de arreglar).

Mi bicicleta pesa considerablemente más que antes (la carpa de 3 personas no ayuda). Sospecho que por esto fue que me caí mientras iba lento por un puente contra la baranda. Mi codo sufrió un poco.

Otras cosas relevantes del viaje fueron encontrar un castillo de improviso, el que me haya llovido intermitentemente por todo el día (es lo que tiene moverse, la previsión del tiempo no sirve) y que, solo y aburrido, hice muchísimos kilómetros muy rápido.

Fueron 100km hasta Poitiers antes de comer y otros 30 hasta Luvignan después de comer, llegando como a las 17:30. Mi espalda sufrió un poco, tengo que ver cómo sentarme para que me duela menos. A este paso podría estar en Toulouse en 5-6 días pero no sé si seguiré igual de fuerte.

Porque estaba apurado y porque comenzó a llover no conocí mucho de Poitiers. Estuve en un parque que parece bonito. Me consta que es una ciudad muy empinada y que sus conductores no son demasiado amigables. Y que al menos una vez al año llueve.

Ah! Dentro de los periodos de lluvia y sol que tuve vi algunos arcoiris. Y, al parecer, estoy siguiendo un camino de Santiago porque veo albergues y conchas por ahí. 

Una última cosa que vi pero no fotografíe fue un tren lleno, *lleno*, de carros. Intenté hacer una estimación y me salió entre 100 y 300 carros. Todos parecían iguales. Me dio un poco de miedo ver este tren interminable. Como que me preocupé por ellos: ¿Qué van a hacer con tantos carros? ¿Quién necesita tantos carros? Pero bueno. 

F,. 

viernes, 8 de septiembre de 2017

Día 9: Delicioso final

Día 9 y la travesía de los hermanos llega a su fin. Para (re)compensar los esfuerzos realizados durante el duro trayecto, decidimos (o simplemente sucedió) terminarlo de una forma algo... calórica, por decir lo menos.

Luego de despertarnos en el camping de "La grand tortue" ("La tortuga grande") y completar el ritual matutino de guardar carpas/sleepings/alforjas/etc, nos llegó la órden solicitada al 'boulanger' la noche anterior: 3 croissants (que terminaron siendo 5) y un "pain au chocolat" (cómo va de bien mi francés gastronómico!), además de comernos unos plátanos y algunas barritas proteícas.

Tras esperar que la lavadora y secadora terminaran (tiempo durante el cual aproveché para rememorar mi estimado 'freeletics' con una rutinilla), partimos con la energía proveída por el copioso desayuno.

Una hora y 23 kilómetros después, nos encontrábamos en la pintoresca ciudad de Amboise, con su imponente castillo y cafés al estilo parisino. Qué mejor lugar para disfrutar de un "second breakfast" de muchos frutos secos y, cómo no, más barritas proteícas.

Manteniendo el buen humor y ritmo, en otra hora y otros 24-25 kms, nos vimos de pronto ante las imponentes torres de "Tours" (sic), pertenecientes a la catedral que ya se veía bastante antes de entrar en la ciudad, como aliciente del anhelado destino. Al llegar, no había opción más lógica que senarnos a deleitarn unos bocadillos celestiales de jamón Serrano, algún queso francés y el - cada vez menos abundante- aceite de oliva de ajos. Un gran final para una gran travesía, o eso parecía.

Después de un corto photoshoot (al cual Alfonsito no estuvo demasiado predispuesto), we were back to business. Mi bicicleta debía ser embalada y enviada desde Tours a Barcelona, mientras que Alfonso decidió que haría lo propio en Amberes, más cerca de su aeropuerto de embarque. Logrando mendigar una caja y un protector de horquilla a un negocio local de bicicletas, nos instalamos delante de la propia tienda a descuartizar la pobre bicicleta y meterla en una caja (ante las inquisitvas miradas de los empleados de la tienda y las esquivadas de los peatones). Cuter y celo fueron las estrellas de un embalaje contra el reloj por tener que llevar la caja a la oficina de correos antes de que cerrara.

No obstante haber logrado la hazaña, nos dimos con la sorpresa que las dimensiones de la caja superaban por un amplio margen lo permitido por "La Poste", el "Correos" de Francia. Decepción que se vio aumentada por no encontrar respuesta en ninguna otra oficina de mensajería. Dada la hora, decidimos esperar al día siguiente para seguir buscando candidatos de entrega, por lo que, caja gigante en mano, Franco y yo (Sergio) nos dirijimos al airbnb reservado para dejar las cosas (qué se habrá imaginado la pobre chica que traerían 2 peruanos -uno de ellos Franco- en una caja sospechosamente grande, no quiero ni saberlo).

Dejando todo en orden en el piso alquilado, el hambre (re)comenzó a apremiar, el cuerpo demandaba calorías. Tras infructuosamente proponer un lugar francés para comer, terminamos comiendo en el "Upper Burger", para variar un poco la dieta. Debo admitir que no decepcionó. Aún así, el cuerpo pedía más. Camino al piso, un Burger King probó ser suficiente tentación para pedirnos una hamburguesa más y 3 helados, oh cerditud! Con el estómago - ahora sí- repleto, fuimos finalmente a dormir tras un largo, intenso y, cómo no, deliciosamente calórico día.

S.

Día 10: Tours, bicicletas, despedidas

No estamos seguros de por qué Tours se llama Tours. Sospechamos que tiene que ver con las torres de la catedral. Podríamos buscarlo pero no lo hemos hecho y ya no estamos ahí. Así, sería injusto buscarlo ahora.

El día giró principalmente alrededor de mis hermanos (Alfonso y Sergio) intentando volver a sus respectivas casas e intentando de que sus bicicletas lo hagan también.

Las opciones son múltiples pero esto, en este caso, es malo porque significa que no está claro cuál funciona. Culpo a la poca planificación de su parte y a lo complejo del ruteo:

Alfonso tenía que llegar a Amsterdam con una bicicleta embalada para montarse en un avión a Lima.
Sergio tenía que llegar a Gante a recoger una maleta y luego ir a Barcelona. La bicicleta podía ir o no con él y si no iba con él, podía enviarla desde cualquier lugar. Bueno: "cualquier lugar" no incluye Tours, aparentemente.

Desayunamos unos croissants decentes, con pain au chocolat y alguna otra cosa que soy incapaz de recordar (pero que sergio seguro recuerda, ¿brioche ? ) de una boulangerie. De café un hermano se encargó de PASAR NESCAFÉ en la cafetera francesa. Hubo una segunda hecha correctamente, felizmente.

Me pasé gran parte de la mañana practicando francés por teléfono con una multitud de desconocidos tratando de convencerlos de enviar una bicicleta por correo a Barcelona. Aprendí de muy mala manera que "un vélo" se parece mucho a "enveloppe" cuando lo pronuncias mal.

A las 11:30 estaba claro que ambos hermanos se irían (con sus respectivas bicis) en el próximo TGV (12:00) a París para llegar a Bélgica. Yo estaba contento porque mis días de hablar con empresas de logística,  de embalar y cargar bicis habían acabado.

A las 12:30 esto había cambiado *drásticamente*. Sergio y yo estamos en una calle de Tours. Afuera de *otra* tienda de bicis. Sí: estamos embalando su bici nuevamente. Como quien está jugando el mismo nivel pero en una dificultad mayor estamos en una calle más transitada, y tenemos que embalar la bici en la mitad de la caja del día anterior (que por cierto, tenemos que cortar). Yo supongo que el nivel tres involucra lluvia y en el cuarto no hay caja y hay un señor que te está gritando todo el tiempo.

Pero no acaba aquí: como si los hermanos hubieran decidido simultáneamente que no se quieren separar de mi todavía, aparece Alfonso por la calle. Parece que una parte de su tren no le deja llevar bici. Ahora sale a las 17h. Los hermanos se reusan a ser separados, aparentemente. 

A las 14:00, contra todo pronóstico, logramos pasar el nivel dos y llevamos la bicicleta, por segunda vez, a la misma oficina de correos. Como retándolos a que rechacen nuestro paquete nuevamente. Estamos orgullosos y nerviosos al mismo tiempo.

Llegamos triunfantes con nuestra caja, la cual hemos paseado ya por dos días seguidos por el centro de Tours. Hacemos nuestra cola. Hoy nos atiende una chica mega carismática (y bonita, tengo que admitir que me enamoré un poquito). Noto la mirada del resto de empleados con quienes conversamos ayer en una complicidad que no sé juzgar si es resentimiento por volver o intriga por entender qué tramamos hoy. "Ah, son los de la bicicleta" nos dice uno. Hago de mal-traductor, como siempre. La caja no puede pesar más de 30 kg. Sudamos frío: esta información no la teníamos. Pesa 21,260 kg. Vamos bien. Logramos enviar la caja después de tres o cuatro sustos más que incluían cosas como no tener ningún teléfono en Francia, ninguna dirección de retorno, no haber asegurado el envío.

A las 15:00 estamos siendo invitados por el hermano menor (Sergio) a una suculenta comida en una brasserie. Poco después despedimos al hermano mayor que ahora si toma su tren. Decidimos también que era un buen momento para buscar lugar donde dormir y hacer compras para mañana. Esto fue resuelto sin mucho contratiempo.

A las 20h llegamos al edificio que hemos catalogado como el "evil building" de Tours.

A las 21:00 estábamos cenando un Magret de Canard y un Tartiflete en un restaurante de quesos en *la* calle de bares y restaurantes. Cena decente después de mucho tiempo.

De salida estaba diluviendo y tuvimos que improvisar paraguas con cajas de cartón que pedimos en una alimentación. Fuimos, al mismo tiempo, la envidia y el hazme reir de los transeuntes encontrados camino al hotel.

Y con esto acabó el último día del viaje de los hermanos. Al día siguiente todavía se van a encontrar los otros hermanos en Amberes como parte de su regreso. Yo empiezo mi recorrido solo en bicicleta.

F.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Día 8: Hacia Blois por el Loira

Nos despertamos hoy en una carpa distinta. Extrañamente, resultó ser bastante más cómoda (al menos para mi que ya compartía la carpa anterior con Sergio) y eso, en conjunto con la falta de lluvia y frío, me permite un buen descanso. Sigue un desayuno de barritas de proteína (a estas alturas tenemos como 6 o 7 tipos distintos) y el buen café del camping (su único crimen es estar un poco frío).

Mientras alistamos todo para salir hacia el oeste, hacia Blois aparentemente, revisamos el estado de nuestras reparaciones. Nada funciona bien. La "soldadura en frío" es un desastre y el duct tape no tiene nuevas sorpresas. Nuestra única opción es la nueva carpa o una similar. Preguntamos a los encargados del camping si podrían vendernos la carpa pero insisten que es un regalo. En serio, y no sólo por este gesto, recomiendo mucho al camping Olivet, es un muy buen sitio con muy buena gente.

Salimos relativamente temprano; nuestro destino del día (Blois, me gusta decir el nombre no sé por qué) no está muy lejos para nuestros estándares (sólo 60 km) así que podemos tomarnos nuestro tiempo y parar en el camino en teoría. Resulta que el Loira está lleno de castillos. Mira ve.

Antes de seguir con la parte del recorrido, debo darles el mérito a los loirenses; tienen un muy buen sistema de ciclo vías a lo largo del río. Esto hace muy fácil el viaje entre ciudades y entre castillos. Bonus point: muchos campings están en el recorrido o cerca de estos caminos (pero no a los que vamos nosotros). Las ciclo vías, además, son escenarios de ocurrencias más o menos extrañas. Nada demasiado raro pero a veces daba la impresión de que salíamos de la realidad normal. Ya verán.

Salimos por fin de Olivet con la mañana fría pero despejada. Vamos solamente hacia el oeste y el sol, que por ahora nos queda en la espalda, me hace agradecer la compra del bloqueador.

Primera parada: Meung-sur-Loire. llegamos sin incidencia, el camino por ahora es normal. Es una bonita ciudad sobre la margen norte del Loira. Tiene un buen castillo y no hay tantos turistas. Le doy al castillo un 7/10 en la escala AOE (Age of Empires), parece sólido y asediable. Tomamos las fotos de rigor y partimos, vemos el mapa y sigue Beaugency.

Más o menos por acá comienzan las rarezas. Lo primero que pasa es que pasamos en el camino como tres veces a la misma pareja de ingleses en bicicleta. Hasta ellos se dan cuenta y nos sonríen incómodos. Ninguno de los dos grupo sabe muy bien qué pasa. Seguimos un poco y nos encontramos con una feria / circo / laberinto de maíz en medio del camino. Parece algo sacado de Monkey Island.

Finalmente llegamos a Beaugency. La ciudad es un poco de que Meung y tiene un castillo un poco mejor (8/10 AOE). Damos una vuelta como quien descansa y comemos una barrita con plátano. Nos encontramos con la estatua de Juana de Arco y obligatoriamente nos tomamos fotos (ya estuvimos en su casa). Nos encontramos de nuevo con los ingleses y nos vamos.

Vemos el mapa y, como todavía es más o menos temprano (Blois no estaba tan lejos, ¿recuerdan?) decidimos desviarnos a Chambord, uno de los castillos fotogénicos y más turísticos. Seguimos el río, pasamos cerca de una central nuclear y algunas casas de "gente de río", supongo. Todo parece un poco surreal, especialmente por lo aislado que está el camino.

Chambord no está sobre el Loira (creo que los castillos más cheveres no lo están, quizás para alejarse de la gente) así que doblamos hacia el sur y nos metemos por unas ciclo vías secundarias. Llegamos hasta los letreros del castillo y paramos a revisar el camino correcto porque hay un letrero de "no bicicletas" frente a nosotros. Acordamos el camino, partimos y, de pronto, Sergio y yo nos damos cuenta de que Franco no está. Literalmente desapareció. Estamos en un campo bastante abierto así que creo que solo atinamos a mirarnos como por 15 minutos. Lo llamamos pero no entra la señal. "La primera víctima de la ciclo vía" pienso acordandome de Stranger Things. Le mandamos un mensaje diciendo que estamos en el castillo y, después de esperarlo como 10 minutos, aparece. Aún no hay explicaciones satisfactorias.

El castillo de Chambord es interesante. No lo pongo en la escala AOE porque es más como una mansión enorme que un castillo. Al menos tiene una especie de foso y jardines bonitos. Hay muchísimos turistas, incluyendo un grupo de chinos en bicicleta. Nos tomamos fotos con los hermanos y el castillo, llenamos el agua y nos vamos a Blois. Es nuestra primera interacción directa con el Loira turístico.

Camino a Blois no pasa mucho (andamos por carreteras y no por LA ciclo vía) y llegamos a la ciudad rápidamente con ganas de almorzar. Decidimos, como es costumbre, buscar la plaza o similar cerca de la catedral y nos damos cuenta entonces de que la catedral está como 50 metros encima de nosotros. Las calles que suben son, por decir algo, empinadas. Metemos carácter y subímos. Al final, la catedral tiene como un patio y jardines que mirando por sobre la ciudad. La subida vale la pena completamente. Comemos nuestro clásico pan con queso y jamón serrano (con su aceite de oliva más) y vemos un rato la ciudad. Blois es estéticamente agradable. Los edificios mantienen todos sus techos típicos y la catedral y el castillo le dan un buen carácter. Todo está lleno de subidas y bajadas. Después de almorzar, tomamos un café y tarte tatin al paso y, después de una vuelta rápida por el castillo (6/10 AOE), nos vamos a buscar el camping.

En la mañana, antes de partir, habíamos buscado campings cercanos y con buen rating. Propuse "La Grande Tortue" , más que nada por el nombre (Franco no creía que era la gran tortuga) pero no nos fijamos que tan lejos estaba. A estas alturas ya llevábamos como 70 km recorridos. Resulta que el camping está 19 km más lejos. Llamamos y nos avisan que cierran a las 7. Son las 5 y 20. Salimos corriendo (o bueno montando bicicleta muy rápidamente).

Es en este punto, atardeciendo, en que la surrealidad del camino de empieza a degenerar. Decidimos que, por el apuro, ponernos en manos de Google y partimos por caminos no muy bien señalizados. A continuación la lista de cosas que nos encontramos (mientras nos perdemos como 3 veces):

- un campamento de gitanos (o al menos eso creemos) que parece sacado de Snatch. Son un montón de casas rodantes con tendido eléctrico, lavadoras, etc.

- un hombre sin camisa fuera de su cabaña en medio de la nada escuchando música electrónica rusa y baila con su perro (nos cuestionamos si este es un miércoles promedio para él)

- un carro que nos sigue saliendo del campamento gitano pero nos deja de seguir llegando al pueblo

Un poco cansados, llegamos al camping, que tiene en la entrada una pileta con una tortuga gigante (te dije) y encontramos la recepción abierta. Son las 6 y 50. Nos dejan escoger cualquier lugar y nos instalamos. El camping es grande y tiene piscina, bar, tienda, restaurante, etc. El plan es armar la carpa, bañarse y tomar cerveza. Se cumple a cabalidad y terminamos jugando coup con buenas cerezas. Cantamos cumpleaños en español a una niña que lo celebraba y nos quedamos conversando con el barman (que habla muy buen español y, por alguna razón, tiene unas piernas de maniquí sueltas con las que fastidia a Franco).

Después de un día completo, nos vamos a dormir. Mañana toca Tours y el final del viaje.

-Alfonso

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Día 7: carpas, tiendas, pegamento y ningún castillo

Nos despertamos con la revelación que el palo de la otra de las carpas estaba roto. ¿Por qué el mismo día? ¿Por que ahora? Nos rompimos la cabeza toda la mañana tratando de descrifrar el misterio. Spoiler: nunca lo descriframos.

Teniendo como destino final Tours, estando a 120 km y teniendo todavía varios días, con el buen recibimiento del camping y con dos carpas que reparar, decidimos quedarnos un día más.

El día fue bastante ordinario:

1. compramos pegamento industrial,
2. visitamos un castillo,
3. intentamos pegar los palos. Fallamos,
4. Acontecemos a un palo más (tercero de cuatro) romperse espontáneamente,
5. compramos otro pegamento: este involucra soldado en frío. Fallamos.
6. Repentinamente tenemos una carpa nueva. Ahora tenemos tres carpas. Dos están rotas y una pesa 4,5 kg y fue donada por almas caritativas a las que dimos pena.

Lo único rescatable fue el kebab "bulldozer" que nos comimos en la plaza principal de un pueblo con un castillo que no tenía forma de castillo.

Kilómetros recorridos: alrededor de 60 km.
Balance de carpas: - 1
Tiempo y pegamento invertido en intentar reparar carpas: más del que estaré dispuesto a admitir.
Nivel de angustia: alto

F.